Caja de tiritas

Yo no compro papel de aluminio ni pan de molde…

Así es, jamás he comprado papel de aluminio ni pan de molde, pertenezco a una generación que desayunaba “crispis” (Krispies), merendaba “pan bimbo” con “nocilla”, jugaba con “blandi blub”, envolvía sus bocadillos en “papel albal”, echaba “3 en uno” a la bici y lucía “michelines” en la playa.   

“El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.”
Gabriel García Márquez.

No necesitaba señalar las cosas con el dedo para referirme a ellas, siempre había una MARCA que me servía para nombrarlas. Este extendido fenómeno lingüístico -en cuarto menguante…- por el que por asociación utilizamos el nombre propio de la marca en lugar del nombre común del producto forma parte de la metonimia. Por la designación metonímica las marcas comerciales registradas acaban sustituyendo al nombre común del producto, pierden su mayúscula inicial y pasan a ser nombres comunes con los que nos referimos a productos de similares características al original. Nos resulta más sencillo y natural pedir Tippex (empresa alemana Tipp-Ex GmbH & Co. KG) en lugar de corrector líquido (suena incluso pedante…) o Kleenex (aunque nos cueste escribirlo a la hora de hacer la lista de la compra…) que “pañuelos tissue desechables de celulosa”; incluido en este caso entre las entradas del diccionario Oxford.

Esto tipo de neologismos están tan asentados en nuestra lengua que la R.A.E. incluye términos como fotomatón, futbolín, tirita, termo, pósit (Post it), uralita, nailon (Nylon), faria, túrmix, potito, rímel, plastilina, formica, chupa chup, delco (formado por las siglas D(ayton) E(ngineering) L(aboratories) C(ompany) donde se inventó este sistema), teflón, maicena, aspirina… y así hasta un total de 80 en su 22ª edición, indicando sin excepciones que son marcas registradas. Lo mismo sucede con el Diccionario de uso del español María Moliner que registra 128 términos cuyo origen son marcas registradas. En ninguno encontramos el término “Cola Cola” para referirnos a los refrescos de cola… Mención especial merece el término celo (incluido en la RAE) de la marca Cello-Tape, término con el que nos referimos a la cinta adhesiva y que se conoce con diferentes nombres dependiendo de la región, así en zonas como Andalucía se conoce como fixo y en Extremadura como tesafilm o tesafix en referencia a la marca homónima.

Gracias a este procedimiento, nacen palabras nuevas y se enriquece el léxico. En algunos casos las marcas también se comportan como adjetivos: “cuerpo Danone”, “sonrisa Profidén”, “sonido Dolby”, “chico Coca Cola Light”, “sombrero Borsalino”, “galletas María” etc.      

Lograr que una marca se identifique tanto con el producto que logre suplantarlo es el sueño de toda empresa, así ha sucedido con Martini, Cola Cao, Super Glue, Queso Philadelphia, Rotring, Edding, Minipimer, Polaroid, Pilot, Petit Suisse, Juanola, Gradulux, Chiruca, Duralex, Climalit, Tempur, Dodotis, Casera, Baileys… la lista es interminable y sigue creciendo aunque a menor velocidad pues ya está todo inventado, o no…

Si una empresa se caracteriza por la innovación es Apple y gracias a su creatividad, en la actualidad usamos nuevas palabras en nuestra vida cotidiana como iPod (en lugar de reproductores de audio digital), iPad (en lugar de tabletas) o iPhone (en lugar de teléfonos inteligentes), algo similar a lo que consiguió Sony con el Walkman en 1979. Seguro que muy pronto encontraremos en la RAE el término Goretex, como sucedió con la lycra.

Para una marca es tan importante que se le identifique con el producto que puede acabar en batalla legal, como en el caso de Bimbo y Panrico y su guerra de los “donuts” (Doghnuts) en Europa, aunque al final la marca española ganó la partida en los tribunales.

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